Publicaciones

Jorge Dávila Vázquez

UN PINTOR, UN LIBRO

“Marco Martínez y la naturaleza” (Monsalve Moreno, Cuenca, 2008) es uno de los bellos libros de arte publicados en el último tiempo.

Martínez (Cañar, 1953) es artista por vocación y por dedicación a tiempo completo.

Su tema fundamental, a lo largo de muchos años, ha sido la naturaleza, pero con una infinita gama de variaciones, que van desde lo realista extremo hasta la casi abstracción.

Ningún pintor, ecuatoriano o no, que se respete, puede escapar en algunos momentos de su carrera a ciertas influencias, eso es algo que siempre vale tener presente, porque es lo que podríamos llamar la presencia de la tradición, esa especie de río espiritual que irriga la producción estética en distintos campos, y que inserta las diversas creaciones en un todo mayor que es el arte.

Poderoso en su trabajo, que registran 75 de láminas en color, en ciertos momentos, Martínez se muestra heredero del paisajismo del XIX, y en otros, admirador de Van Gogh o Guayasamín, en sus motivos florales o de visión de urbes en medio de montañas, respectivamente. Nada de esto le quita un ápice de originalidad ni de ese poder creativo que ha registrado Rodrigo Villacís Molina, tanto en la entrevista que abre el volumen, cuanto en un breve análisis de la obra.

En la primera parte, destaca la confesión de Martínez sobre el ceibo, uno de los grandes motivos actuales de su pintura: “Es un árbol que adopta formas extrañas, similares a las humanas y muchas veces de apariencia erótica.” En su extensa labor, pienso, que ha remarcado, justamente, en esa conciencia de que la naturaleza es un todo, en ocasiones enlazado por un fuerte abrazo de amor.

Algo semejante dice Villacís, cuando habla de la última serie pictórica de Marco, ya exhibida en Quito, “Los iluminados”; en la que, señala, crea con los árboles: “figuras extrañas, zoomorfas, pero generalmente antropomorfas, que pueden tener una carga simbólica… formas femeninas que nos recuerdan a las Venus primitivas.”

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MARCO MARTÍNEZ Y SU COMPLICIDAD ÁRBOL-MUJER

Publicado en Diario El Universo

Los iluminados es la sexta exposición del artista cañarejo Marco Martínez, sobre
la cual hace la curaduría la historiadora Inés Flores. Esta serie, que ya estuvo con
distintos cuadros en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, se inauguró la
semana pasada en el museo Nahim Isaías, en Clemente Ballén y Pichincha, Plaza de
la Administración, en Guayaquil.
Nadia Vivanco, responsable del museo Nahim Isaías, dice que el artista plástico “ha
logrado captar la esencia de la naturaleza y darle una manifestación antropomorfa”.
La curadora de Los iluminados señala que Martínez, de 56 años, toma el ceibo en su
obra como símbolo ancestral y “dadas las formas de ese árbol lo recrea con una
sensualidad que evoca indudablemente a la figura femenina”. Añade que hay una
complicidad árbol-mujer muy marcada en esta obra y eso disfruta y le atrae mucho.
Flores indica que es poco usual en el medio artístico exaltar con formas barrocas a
un árbol, por lo que con esta muestra origina “una connotación religiosa”. Agrega
que Martínez no solo se destaca como pintor, sino también como “investigador
nato, científico de las plantas”, menciona.
Martínez señala que toda su vida ha estado siempre ligada a la naturaleza, “primero
en las montañas de los Andes, luego en los bosques de las estribaciones occidentales
de la cordillera”. Ese contacto íntimo con el entorno fue lo que lo sedujo y guió para
que en su pintura esté siempre presente lo vegetal.
Dice que su proceso creativo tiene etapas recurrentes, “es un diario de imágenes, de
recuerdos, de lecturas, de sensaciones, un ir y venir del tema en el espacio y en el
tiempo”.
Flores resalta que el artista cañarejo usa una nueva técnica en sus cuadros: el óleo
tinta. “Siempre trabaja nuevos materiales; se inició como acuarelista y se fue
destacando así, luego incursionó en el óleo y ahora acopla esa pintura con la tinta”,
explica. La labor de Martínez la define como sistemática y minuciosa. Mientras que a
Los iluminados la califica de mítica, sensual y recreativa.
La muestra estará abierta hasta el próximo 15 de junio.

Marco Martínez
Es arquitecto en arte ha pintado paisajes andinos, orquídeas y vegetación
subtropical.
A más de la pintura, Martínez ha incursionado en el dibujo y en el muralismo.
En Ecuador ha expuesto en Quito, Ibarra, Cuenca, Loja y Guayaquil, mientras que
en el exterior ha presentado su obra en Colombia, Suiza, EE.UU., Francia e
Inglaterra.


Presentación del libro Marco Martínez y la Naturaleza en el Centro Cultural Metropolitano de la ciudad de Quito

En nuestra época, las artes visuales, que han adoptado unos “nuevos lenguajes”, se han aislado de un amplio sector de la sociedad; de ese sector que relaciona todavía el arte con la estética. Marco Martínez está, sin embargo, entre los pintores que afortunadamente se mantienen fieles al concepto intemporal de lo bello.

Y este libro contiene una doble aproximación: al artista, a ese ser humano que, impulsado por una irrevocable vocación, destina el tiempo que le ha sido concedido por los dioses, a  crear, a plasmar, en este caso en el lienzo, ese mundo de imágenes generado en su cerebro a partir de un contacto íntimo con la naturaleza. Y a su obra, al producto no solo de su oficio, sino de su paciente aprendizaje, perfeccionamiento y, por fin, dominio de todos los procedimientos del arte de pintar; que le ha llevado, inclusive, a hacer un aporte personal con la técnica novedosa empleada en su etapa más reciente.

Ambas aproximaciones han estado a cargo de Rodrigo Villacís Molina. La aproximación a la obra se concreta en  un ensayo crítico que parte de los antecedentes históricos del tema, para examinar desde ese ángulo, y con un lenguaje claro y preciso, la pintura de Martínez. Y la aproximación al artista está contenida en una cálida entrevista que muestra en toda su dimensión, y en su entorno, al hombre que pinta.

Desde luego, estos textos acompañan a una selección de la obra de Marco Martínez Espinoza: un magnífico despliegue de su pintura, desde su incursión inicial en el arte hasta sus lienzos recientes, pasando por las diversas etapas, caracterizadas por la coherencia que guardan unas con otras, de su brillante trayectoria.

En resumen, este libro, que responde a una necesidad en el campo de la plástica, facilita el entendimiento entre el observador, el artista y la obra. Como intermediario actúa, en el doble rol de entrevistador y crítico, un escritor que viene trajinando desde hace mucho tiempo en este ámbito.

Dra. Inés M. Flores


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